No necesitas otro truco de marketing
Si tienes clientes que están contentos con lo que ofreces, pero también mil cosas en la cabeza que sabes que deberías construir, revisar o mejorar, es fácil caer en lo mismo de siempre: apuntarte a otro curso, intentar hacerlo tú en los ratos que te quedan, acabar con cosas a medias que nunca terminan de encajar del todo…
Cuando un negocio ya funciona, avanzar no depende de hacer más cosas sin dirección, sino de que tu web y tu sistema de ventas estén diseñados con una estructura clara: que cuando alguien llegue, entienda lo que haces, confíe en ello y pueda dar el siguiente paso sin que te quite tiempo ni dependa todo de ti.
Y esto no tienes que hacerlo tú en tus ratos libres.
Ese es precisamente mi trabajo.
Cuando un negocio empieza a crecer, es normal que muchas partes se vayan construyendo sobre la marcha.
Una web que no termina de explicar bien lo que haces, un sistema de ventas que depende demasiado de ti… ideas, contenidos o herramientas que sabes que encajarían, pero que se quedan en la cola de “tengo que”, “debería” o “me gustaría”.
Mi trabajo consiste en reorganizar lo que ya existe y diseñar lo que falta, para que todo esté alineado y tenga coherencia.
Que cuando alguien llegue a tu web entienda exactamente qué haces y para quién es, que el recorrido hasta trabajar contigo sea claro y natural; y que tu negocio funcione sin depender constantemente de tu tiempo para tareas que podrían estar bien resueltas.
Porque cuando cada parte está bien definida y conectada con las demás, el conjunto deja de depender de improvisación y empieza a sostenerse por sí mismo.
En la práctica, esto implica intervenir en las partes que forman el recorrido completo: desde que una persona te descubre hasta que decide trabajar contigo.
A veces es redefinir o reorganizar tu web, para que refleje con claridad lo que haces y facilite que alguien dé el paso de trabajar contigo.
Otras veces es revisar cómo se entiende tu trabajo: cómo se presentan tus servicios o productos, cómo se conectan entre sí y cómo encajan dentro del conjunto.
En muchos casos, implica intervenir en partes concretas (páginas clave, captación, newsletter) para que dejen de funcionar como piezas aisladas y pasen a formar parte de una estructura clara y coherente.
Y en otros, es ordenar o implementar los procesos que sostienen tu negocio en el día a día, para que estén bien resueltos y no dependan constantemente de tu presencia activa.
No se trata de cambiar lo que ya has creado ni de imponer una forma estándar de hacer las cosas.
Se trata de entender cómo funciona tu negocio, respetarlo, y trabajar sobre esa base para que todo encaje, funcione con claridad y se sienta realmente tuyo.
“Me preocupaba que no entendieras la esencia de mi negocio o que el resultado no lo sintiera como mío. Pero entendiste perfectamente cómo trabajo y todo quedó exactamente como quería, sin tener que estar pendiente de nada.” — V.G.
Cuando estas partes están bien resueltas, tu negocio crece.
Aumentan tus ingresos porque las mismas personas que ya están llegando entienden mejor lo que haces, confían en ello y les resulta más fácil dar el paso de trabajar contigo.
Liberas tu tiempo para trabajar con más clientes y crecer sobre una base sólida, sin tener que rehacer todo más adelante.
Pero lo que más valoran mis clientes no es esto.
Lo que más valoran es el alivio de dejar de tener esas cosas pendientes ocupando espacio en su cabeza, la sensación de que todo está en su sitio.
La tranquilidad de saber que esta parte está resuelta y funcionando.
De poder centrarse, por fin, en su trabajo.
Sin tener que cargar con todo lo demás.
Y aunque no existe un genio de la lámpara que haga aparecer todo resuelto de un día para otro, sí puedes decidir que alguien se encargue de que esto funcione.